
🥾 Una noche en el Volcán Barú, un grupo de Costa Rica… y unas botas que no se rindieron
Este grupo no salió de la nada.
Habían reservado desde inicios del 2026. Desde meses antes ya tenían claro lo que querían: hacer el hike nocturno al Volcán Barú y llegar a tiempo para ver el amanecer desde la cima.
Y honestamente, eso me llamó la atención.
La mayor parte de la temporada hasta ese momento había sido bastante internacional: muchos franceses reservando con meses de anticipación, algunos grupos de Canadá… pero casi nada de Latinoamérica. De hecho, en lo que iba del año, prácticamente no había guiado panameños.

Por eso este grupo de Costa Rica tenía otra vibra.
Varios me contaban que desde donde viven, en días despejados, alcanzan a ver el Volcán Barú a la distancia. Imagínate eso: crecer viendo una montaña desde otro país y algún día finalmente decidir subirla.
Ese día llegó.
🌙 La salida
Se hospedaron en el hostal Quédate Aquí, en Volcán. Ahí nos reunimos antes de las 10 p.m. para organizarnos, revisar equipo y salir hacia la caseta para hacer el registro.

A las 10:30 p.m. ya estábamos caminando.
Y la noche salió perfecta.
Cielo despejado. Luna clara. Temperatura agradable. De esas noches donde el sendero se siente vivo y no solamente difícil.
👣 El ritmo del grupo
Como siempre pasa en montaña, cada quien encuentra su ritmo.
Hay personas que desde el inicio suben fuerte, casi sin parar. Otros prefieren ir más tranquilos y constantes. Parte importante del trabajo como guía es mantener ese equilibrio sin que el grupo se rompa.
Los que iban más despacio se mantenían adelante conmigo, marcando un ritmo estable. Los más rápidos atrás, regulando para no abrir demasiada distancia.
Y así fuimos avanzando poco a poco, manteniéndonos bastante unidos durante gran parte de la subida.
No era una carrera.
La meta era llegar todos.
🎧 El detalle inesperado
En medio de todo eso apareció un pequeño problema que terminó volviéndose parte de la aventura.

Mis botas nuevas —las “todo terreno” que había comprado pensando que serían perfectas para este tipo de hike— empezaron a despegarse en plena subida.
Primero una. Después la otra.
Nada grave como para detener el hike… pero sí lo suficiente para obligarme a improvisar con duct tape varias veces durante el camino.
Y claro, el grupo terminó riéndose conmigo del tema.
Incluso uno de los excursionistas me dice: —Mae… se le dañó la bota 😂
Y honestamente, terminó siendo parte del recuerdo de la noche.

💪 Seguir avanzando
Entre ajustes del grupo, pequeñas paradas y las famosas “cirugías” improvisadas a las botas, seguimos ganando altura.
Hubo cansancio, claro. El Barú no regala nada.
Pero el grupo respondió súper bien.
Nadie se desconectó. Nadie perdió la actitud.
Ya cerca del cráter dejé que algunos de los más rápidos siguieran adelante para asegurar el amanecer, mientras yo me quedaba acompañando a quienes venían un poco más atrás.
Y al final, todos llegaron.
🌄 El amanecer
La meta era llegar antes de las 6:20 a.m.
Y se logró.
Desde arriba se podían ver los dos mares completamente despejados.
Ese momento es difícil explicarlo bien. Después de horas caminando de noche, frío, cansancio y oscuridad… empieza a salir la luz y todo cambia.
Primero silencio.
Luego fotos.
Después abrazos, felicitaciones y sonrisas por todos lados.

También coincidimos con otros grupos de Costa Rica, incluso uno bastante grande. Allá arriba todos terminan conectando rápido porque saben exactamente lo que costó llegar.
Las cosas pequeñas que hacen grande el hike
Durante el camino también aparecieron esos detalles que muchas veces la gente no espera encontrar.
Vimos un Black Guan con su cría caminando tranquilo entre la vegetación.
Más adelante apareció un red-crowned woodpecker sobre un tronco caído, bastante cerca de nosotros y nada tímido.
También vimos un Sooty thrush, escuchamos varias veces el Black-faced solitaire y, más abajo en las faldas, apareció un nightjar Pauraque.
Son momentos pequeños… pero hacen que cada hike sea distinto.
⬇️ La bajada y el cambio de escenario
Después de la cima comenzamos el descenso por el lado de Boquete.
Ya con luz todo cambia: más conversación, más bromas, más relajado.
Y sí… también fue cuando la otra bota decidió oficialmente unirse al sabotaje 😂
Pero a esas alturas ya nada me estresaba.
🚌 Del Volcán Barú al Federal Mall
Cuando llegamos al bus pensé que el día ya prácticamente había terminado.
Error.
El grupo quería pasar por el Federal Mall.
Yo honestamente pensaba quedarme descansando en el bus, pero después de unos minutos quieto sentí que necesitaba moverme otra vez, así que también bajé a dar una vuelta.
Y ahí fue donde sentí el cambio más raro del día.
Venía directo de la montaña: ropa de hike, polvo, sudor seco, cansancio encima… y las botas literalmente envueltas en duct tape.
La gente me miraba completo, como tratando de descifrar de dónde acababa de salir.
Y honestamente… yo mismo sentía que venía de otra dimensión.
Al final entré a una tienda, me compré otras botas y dejé las dañadas dentro del bus.
Problema resuelto.
🍵 El cierre perfecto
Después de todo terminé sentado en un café, con música y una infusión de cranberry.
Y ahí fue cuando pensé algo:
Muchas veces la gente cree que el Volcán Barú es solo “subir una montaña”.
Pero no.
Lo que realmente queda son las historias que pasan en el camino.
El esfuerzo.
La gente.
Las conversaciones.
Los problemas inesperados.
El amanecer.
Las risas.
Incluso unas botas destruidas.
Y al final… eso fue exactamente lo que hizo especial esa noche.
✍️ Escrito por Jorge López Morrison
Este artículo llegó gracias a Movimiento Difusión Sonora, una plataforma enfocada en apoyar e impulsar el talento artístico panameño, especialmente la escena alternativa y rockera de Tierras Altas, Chiriquí.
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